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domingo, 6 de abril de 2008

Visita de Eduardo y Maite.

Con suficiente tiempo de antelación para planificarme, me llamó Eduardo para decirme que vendría con Maite un fin de semana a Santiago. Era la primera vez que iba a pisar tierra gallega y, curiosamente, lo iba a hacer sin llegar a conocer la lluvia de por aquí dado el tiempo veraniego que hizo justo hasta que tenían que volver.
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El viernes por la tarde quedé con ellos en la Catedral, donde estuvimos un buen rato antes de callejear por las plazas y calles de alrededor. Hubo ocasión de explicar muchas anécdotas, hacernos fotos, y entrar en sitios como el Pazo de Fonseca. La verdad es que el tiempo y la compañía acompañaba para recordar ese día con agrado. Hacia las 10 de la noche quedamos con Susana y otros amigos para ir de cena al Prada a tope y de copas al Galo d'Ouro.

¡Hasta luego, Maite y Eduardo!

sábado, 21 de julio de 2007

21 de julio en Vitoria: boda de Eduardo.

No podía faltar a la boda de Eduardo, no solo por conocerle desde nuestros tiempos del cole y por llevar tres años sin verle, sino porque me avisó... ¡un año antes!, con lo que no había excusa que valiera para no tener reservado ese fin de semana: "ya puede ir el Papa a Santiago, pero el 21 de julio te quiero ver en Vitoria".
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Quedamos en la plaza de la Virgen Blanca, a dar un paseo con su familia y ponernos al día de nuestras cosas. Conocí a su tía Mª Teresa, compañera de guateques de Mamaita, y, ya en el hotel, a Maite, que estaba realmente nerviosa y emocionada mientras iba recibiendo a los invitados que en goteo constante llegaban.
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Muy bien lo pasé de cenita en el Arkupe, con Pere, Enric, Albert y señoras. Ellas decidieron irse a descansar, que tenían que madrugar para ir a la peluquería, y nosotros nos fuimos a tomar una copichuela por la zona vieja... hasta las 6 de la mañana... ejem...
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Fue bonita la ceremonia: entrañable y con participación de la gente, emoción de la novia al dirigirse a los presentes, risas por motivos varios y Virolai al final, sentido detalle para los muchos familiares y amigos que se habían desplazado desde Cataluña.

Tras seguir el rito de la procesión para felicitar al nuevo matrimonio, nos dirigimos al lugar donde iba a ser el banquete. Aperitivos, sesión de fotos y búsqueda de la mesa que a uno le correspondía. Yo tenía dudas al haber varias posibles y al final tuve la suerte de disfrutar de la compañía de Susana, venida también desde Galicia con Lucas.

Después de la comida -y el muy animado baile- pasamos por el hotel a cambiarnos ya que la celebración de la boda continuaba en la discoteca Santa Fe. Allí estuvimos hasta bien entrada la noche en la compañía de los recién casados, que estuvieron atendiendo a todo el mundo, y de antiguos compañeros del cole.